I
En la estación del miedo un viajero
juega con el azar
en una ventanilla
a la ruleta rusa.
Algunos transeúntes
más experimentados,
entre el ruido de voces y motores,
con matices de duda y en voz baja,
rezan fotografías
como si susurraran
al contorno febril de la memoria
un pañuelo manchado
con restos de recuerdos y sal
en las heridas siempre abiertas
del tiempo y la distancia.
De ‘El hombre concluso’ (2006, Premio NeoAteneo, Málaga)